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| 6/8/2019 11:23:00 PM

El crimen de Yuliana Samboní en primera persona

Por primera vez, Rafael Uribe Noguera habló en detalle sobre el monstruoso asesinato que cometió contra la niña el 4 de diciembre de 2016.

Testimonio de Rafael Uribe Noguera en juicio contra sus hermanos Rafael Uribe paga su pena en la cárcel donde lo hacen otros criminales como Garavito, el Monstruo de la Soga y Javier Velasco, asesino de Rosa Elvira Cely

Rafael Uribe Noguera, violador y asesino de la pequeña Yuliana Samboní reapareció esta semana. Lo hizo para testificar a favor de sus hermanos Catalina y Francisco en el juicio por su presunto encubrimiento de pruebas el día de los hechos. Durante 40 minutos, por videoconferencia, el asesino relató minuciosamente lo ocurrido y negó que sus hermanos hubieran tratado de ayudarlo a burlar la justicia. Sobre esto último, la Fiscalía resaltó un par de inconsistencias en su testimonio y pidió al juez no creerle. Esta es una reconstrucción, editada, del escalofriante interrogatorio que rindió el arquitecto desde la cárcel de máxima seguridad en Valledupar, donde paga su sentencia.

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“Bastará decir que soy Rafael Uribe Noguera, el arquitecto que mató a Yuliana Samboní. No recuerdo exactamente lo que estaba haciendo aquel 4 de diciembre sobre la una de la tarde porque aún tengo el tiempo tergiversado. Recuerdo que cuando comencé a recobrar la conciencia y a tener memoria de lo sucedido, miré el celular y tenía cualquier cantidad de mensajes y llamadas. Leí algunos, creo, y ví que me estaban buscando afanosamente.

Catalina y Francisco enfrentan un juicio por el presunto ocultamiento de pruebas para favorecer a su hermano Rafael

"No recuerdo si antes o después, pero también escondí la ropa de la niña en la cisterna del baño principal del apartamento"

“Luego de recibir tantas llamadas, le contesté a mi hermana Catalina. ‘Rafael, te está buscando el Gaula. ¡Dónde estás! ¡Dónde te metiste!’, dijo ella. Le mentí: dije que estaba en casa de una amiga. ‘¿Dónde está tu carro?’, me preguntó ella. Le aseguré que estaba parqueado en el Equus 66. ‘¡Mentira! Yo fui a mirar y el carro no está ahí’. Luego me enteré de que yo no había estacionado el carro en los parqueaderos correspondientes al apartamento 603, sino que llevé el carro al segundo sótano del edificio, al parqueadero de visitantes, el cual es imposible ver desde la calle o la portería.

“Catalina estaba abajo, el citófono sonó bastantes veces. Contesté y el portero me dijo que ella quería subir. ‘Por favor, no la deje subir, cualquier persona que venga al apartamento dígale que no estoy’, le dije. Recuerdo que esa tarde también fue la señora Laura Arboleda, la esposa de Francisco.

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“Sentía mucha angustia al presentir que en cualquier momento mis hermanos podían llegar al apartamento. Alcé el cuerpo de Yuliana para esconderlo debajo del jacuzzi. No recuerdo si antes o después, pero también escondí la ropa de la niña en la cisterna del baño principal del apartamento. Vi que el piso aún estaba muy engrasado con aceite. Tomé el trapero que estaba cerca de la cocina y traté de limpiar lo que más pude. Era demasiado y obviamente quedaron rastros de aceite.

Yo diseñé y construí todo el edificio Equus 66. Incluyendo el apartamento 603, la terraza y el jacuzzi, que está incrustado 20 centímetros en el piso y sobre un deck de madera. Para poder acceder al espacio donde escondí a Yuliana primero hay que levantar un pedazo del piso del deck y luego abrir una compuerta. Sin embargo, esa puerta es prácticamente imperceptible a primera vista, pues la estructura del deck está hecha de listones de madera con una separación de un centímetro. Cualquier cosa que entre allí no queda al nivel del piso, sino que queda 20 centímetros por debajo.

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“Comencé a escuchar gritos desde afuera. Era mi hermano Francisco que me rogaba que abriera la puerta. Para acceder a la terraza del apartamento hay que saltar desde la terraza comunal del edificio. Luego hay otro muro de 2 metros de altura con una marquesina a 30 centímetros de distancia. Francisco me decía que por favor le abriera o de lo contrario le iba tocar saltar desde ahí, con el riesgo de caer sobre una escalera metálica y morir en el intento. Duró aproximadamente 40 minutos pidiéndome que le abriera.

En 2017, SEMANA visitó la vereda El Tambo, en el Cauca, la tierra natal de Yuliana. Allí se encuentra la tumba de la menor, cerca de la casa de la familia. Los padres y hermanos de la niña dejaron Bogotá y regresaron a su humilde vereda.

“Era imposible que mis hermanos entraran por la puerta a pesar de tener las llaves. La puerta tenía un cerrojo de seguridad desde adentro, que al activarse es imposible abrir desde afuera, incluso con las llaves. Mi hermana timbraba desde afuera, llorando y gritando, intentaba abrir con las llaves, pero era en vano.

“Salí al balcón del segundo cuarto, miré absorto hacia la calle 66. Pensé en tirarme del balcón. En ese momento mi hermano Francisco saltó el muro y entró al apartamento. Me cogió de los brazos y me tiró hacia atrás, me zangoloteó. Nunca había visto a mi hermano de esa manera. ‘¡Hijueputa, dónde está la niña! ¡Te voy a matar si algo le pasó a la niña!’, me gritó exaltado.

“‘¿Cuál niña?’, le respondí e hice como si no supiera de qué niña estaba hablando. Luego cambié mi versión y le dije que ella se había bajado en unos puentes que hay en la calle 65 con la Circunvalar. ‘¡Dónde está la niña, Rafael! ¡Rece para que esa niña aparezca!’, me gritó. Volví a cambiar mi versión y le dije que la niña se había tirado. ‘¿Se bajó o se tiró?’, me preguntó varias veces.

“Francisco quitó el seguro de la puerta y le abrió a mi hermana Catalina. Estaba atacada llorando, desconsolada. ‘¿Dónde está la niña, Rafael?’, me dijo mientras se desplomaba en la cocina. Se acurrucó y se quedó ahí llorando. Luego de ese primer contacto con mis hermanos, que fue bastante fuerte y doloroso, ví que Catalina estaba caminando por todo el apartamento; no sabía qué estaba haciendo, pero supongo que estaba buscando si la niña estaba adentro de la casa.

En el juicio contra Francisco y Catalina, el juez ha pedido celeridad en el proceso. Al finalizar la ronda de testigos podría pasar a los alegatos finales y así estar más cerca a una sentencia.

Les dije que me quería ir del apartamento. ‘No, usted no se va a ir de acá, porque le van a caer acá’, me dijo inicialmente Francisco, no sé a quiénes se refería. Sin embargo, al verme tan mal (yo casi no podía hablar) llamó a alguien para pedirle un consejo para saber a dónde me podía llevar. ‘Usted está muy mal, nos vamos para la clínica’, me dijo y salimos junto con Catalina. Caminamos hasta la 72 con Séptima, tomamos un taxi, pero Francisco le dijo a Catalina que se fuera para la casa; se bajó y se fue.

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“Durante el recorrido mi hermano me preguntaba angustiado que dónde estaba la niña, yo iba callado. Debían ser las 6:30 p. m., ya estaba oscuro, cuando le confesé el crimen a mi hermano. Llegando a la clínica logré descifrar qué pudo haber pasado, llegué a la conclusión y ahí es cuando le digo que ya la niña estaba muerta. Francisco se tomó de la cabeza, comenzó a llorar, pero se contuvo. Cuando nos bajamos del carro, se desahogó conmigo. ‘¡Te odio! ¡Te vas a morir en una cárcel!’, me gritó”.

***

Han pasado un poco más de dos años luego del 4 de diciembre, cuando el país se enteró de los aberrantes hechos que Rafael Uribe Noguera cometió contra la menor Yuliana Samboní. Hoy purga una condena de 58 años en la penitenciaría de máxima seguridad conocida como la Tramacúa, en Valledupar. Mientras tanto, sus hermanos enfrentan un juicio, señalados de encubrir a Rafael y ocultar material probatorio.

La Fiscalía escuchó minuciosamente el relato de Rafael y al final solo hizo un par de preguntas que pusieron en aprietos el testimonio del asesino. Durante la etapa preparatoria, los abogados de Francisco y Catalina le hicieron una entrevista en video a Rafael, y la compartieron con la fiscal delegada. Al parecer contenía preguntas muy similares a las que le formularon en la audiencia del miércoles. Una diferencia en la respuesta a una misma pregunta permitiría impugnar ese testimonio por credibilidad.

Aunque Rafael aseguró que durante el tiempo que permanecieron en el apartamento su hermana solo caminaba y su hermano hablaba con él, la fiscal resaltó que, en la otra entrevista, Rafael declaró: “Sus hermanos le decían que no toque nada: ‘No me dejan tocar ni siquiera el celular (...) me quitan el celular, creo, no sé, no me acuerdo, pero no me dejan tocar ni siquiera el celular’”.

Fiscal: ¿Esto es cierto o es falso?

Rafael: Sí lo hicieron.

Fiscal: No más preguntas, señor juez

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