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Opinión

  • | 2019/06/11 18:14

    ¡Qué importante oír al Banco de la República hablar del empleo!

    Si algo hay para rescatar del encontrón del Gobierno con el gerente del Banco de la República en el marco de la convención de la Asociación Bancaria es que se escuchó al gerente hablar con preocupación sobre el crecimiento de la tasa de desempleo.

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Desde cuando la Constitución de 1991 convirtió la junta del Emisor en autoridad monetaria, cambiaria y crediticia, con plena autonomía para ejercer sus funciones “en coordinación con la política económica general,” la Junta se dedicó exclusivamente a manejar la inflación, sin atención a los temas del empleo y crecimiento económico, que en el ciclo económico son la otra cara de la moneda.

Pues ahora que en el mundo entero se empieza a revaluar la ortodoxia neoliberal, hay indicios de que el Banco de la República puede estar reconsiderando su obsesión exclusiva con la meta de inflación que ya tiene bajo control, para atender también el grave fenómeno de crecimiento sin empleo que ahora aqueja a la economía colombiana. La actitud pelionera con que fueron recibidos los comentarios de Juan José Echavarría por parte de los ministros y la aparente rectificación comunicada por el presidente Duque, no esconden la gravedad de la alerta de sus palabras.

En materia económica, no cabe la complacencia, ni el PIB crece por obra de las declaraciones ministeriales, aun cuando si se puede ver resentido por el ambiente de pugnacidad política que se ha apoderado del país. Que el gerente del Banco de la República reciba el trato que se reserva a la oposición es de por sí un síntoma de las dificultades que la ciudadanía del común ya siente.

Desde enero, los reportes del Dane vienen registrando un aumento en la tasa de desempleo, con el agravante de que no todo puede atribuirse a la inmigración venezolana. En efecto, las cifras muestran que la población ocupada cayó en 775.000 personas al pasar de 22.671.000 en abril de 2018 a 21.896.000 en abril de 2019. En dicho contexto, las aseveraciones del gerente del Banco de la República recobran todo sentido frente a los desmentís oficiales.

El tan cacareado crecimiento económico no puede ser motivo para que el Gobierno cante victoria, pues no logra superar siquiera la raya del 3 por ciento anual. Es más, desestacionalizado, solo registró un 2,3 por ciento en el primer trimestre, como lo advirtió el señor Echavarría. Los anuncios anticipados sobre las bondades de la reforma tributaria que rebajó nuevamente los impuestos a las grandes empresas no se han manifestado, pero si está en auge el creciente desempleo que viene golpeando fuertemente a los hogares. Tan delicada es la situación, que se revirtió la tendencia y la pobreza que llevaba reduciéndose durante los últimos diez años, ahora empezó nuevamente a crecer.

Estamos en el peor de los mundos: un crecimiento no digamos “estancado,” para no herir susceptibilidades, pero cualquiera de sus sinónimos próximos como podría ser crecimiento desacelerado, acompañado de un desempleo creciente, por falta de creación de trabajo en la economía. Esta situación se ve agravada por la inmigración, pero solo marginalmente.

Llegó la hora para que la Junta Directiva del Banco de la República asuma sus delicadas funciones de manera integral, teniendo en cuenta la recurrencia del ciclo económico. La contracción que está generando la austeridad del gasto público debe ser compensada para promover la generación de empleo.

Así lo hace la Reserva Federal de Estados Unidos y la de la Unión Europea. Ambos bancos centrales y el Fondo Monetario Internacional han mostrado una preocupación semejante a la del señor Echavarría, sin que sus gobiernos los regañen. No debe dejarse amilanar la Junta Directiva del Banco de la República. Todo lo contrario. Llegó el momento de examinar si su conducta pasada, que debe ahora revisar, no tiene responsabilidad en la reducción del potencial de crecimiento de la economía. Lo que necesita Colombia para garantizar un crecimiento económico sin inflación, pero con empleo, es un banco central autónomo que equilibre la meta de inflación con las de crecimiento y empleo de la economía.

 

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